Durante casi dos siglos, las exposiciones universales han contribuido al desarrollo de la humanidad gracias a que, además de ser un espacio de diálogo internacional, son el medio a través del cual se difunde la riqueza cultural de los pueblos y se dan a conocer las últimas tendencias del mundo, lo que favorece el aumento de la calidad de vida de sus habitantes.
Las exposiciones universales son tan importantes como los mundiales de futbol y los juegos olímpicos, y aun más antiguas. Los beneficios de participar en una exposición universal van desde el posicionamiento de la imagen del país en el escenario internacional, hasta la promoción cultural y económica, y el fortalecimiento del sentido comunitario.
La primera exposición universal se llevó a cabo en mayo de 1851, en Londres, con el fin de mostrarle al mundo el progreso que suponía la Revolución Industrial. Denominada Great Exhibition, ésta reunió a 25 países y más de 6 millones de visitantes en una notable construcción conocida como el Palacio de Cristal, que se alzaba en el parque londinense Hyde Park. Por su parte, París decidió organizar su primera exposición universal en 1855, la cual tuvo lugar en los Campos Elíseos.
En 1862 se inauguró otra gran exposición en Londres, a la que asistieron más de 6 millones de visitantes. Cinco años más tarde, en 1867, el gobierno francés y el Ayuntamiento de París organizaron una nueva exposición universal, a la que acudieron 42 países y unos 15 millones de visitantes.
Viena llevó a cabo una exposición universal en 1873, la más grande de las celebradas hasta ese momento. Tres años más tarde se organizó la primera gran exposición universal de Estados Unidos, con sede en Filadelfia, cuyo fin era conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia de ese país. Durante esta exposición, Alexander Graham Bell en persona dio a conocer su más importante invento: el teléfono.
París fue anfitrión de su tercera exposición universal en 1878, en la que el automóvil fue presentado al público por primera vez. A esta exposición le siguieron las de Melbourne en 1880 y Barcelona en 1888. En 1889, la capital francesa fue sede de una cuarta exposición universal, organizada con el fin de conmemorar el centenario de la Revolución Francesa. Esta exhibición reunió a 35 países y más de 32 millones de visitantes. La Torre Eiffel fue especialmente construida para la ocasión. En 1893 se llevó a cabo la Exposición Universal de Chicago, en la que la energía eléctrica se utilizó por primera vez para iluminar el recinto.
En 1928 se creó en París la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE, por sus siglas en francés) para controlar la frecuencia y supervisar el funcionamiento de las exposiciones universales. Desde entonces, 156 países han aceptado someterse a los mandatos de esta Oficina.
Algunas de las exposiciones más sobresalientes del siglo XX fueron las de París (1900) San Luis Missouri (1904), San Francisco (1915), Barcelona (1929), Chicago (1933), Bruselas (1935), París (1937), Nueva York (1939), Bruselas (1958), Montreal (1967), Osaka (1970), Sevilla (1992), Lisboa (1998) y Hannover (2000). En el siglo XXI destacan las exposiciones de Aichi (2005) y, por supuesto, Shanghái (2010). Próximamente se llevarán a cabo las exposiciones de Yeosu (2012) y Milán (2015).
Las exposiciones universales son parte fundamental de la historia y cuentan con el creciente respaldo del público gracias a que permiten obtener una visión general del mundo, así como una fascinante aproximación al futuro.